En todo piso compartido siempre pasa que…

…hablaremos de esos pequeños dramas que ocurren, día sí día también, en todo buen piso compartido. Son esas aventurillas que nos ocurren bien por torpes, bien por dejaos, o bien porque directamente somos personas y necesitamos aprender de nuestros errores. Y de los cabreos que provocamos en nuestros compañeros de piso con estos pequeños dramas.

Si a ti nunca jamás te ha ocurrido nada de lo que te vamos a contar, te rogamos que te pongas en contacto con nosotros para explicarnos cómo lo haces. Porque tras hacer una encuesta interna, practicamente la totalidad del Badi Team ha cometido más de una vez alguna de estas pequeñas (y adorables) atrocidades.

3… 2… 1… ¡ACCIÓN!

1. Tapa del váter

Duda existencial que se plantea en todo piso compartido. Y tú, ¿eres más de dejar la tapa del váter pa’rriba o eres de los que odia soberanamente alzar la tapa cuando tu vejiga canta un “no puedo con mi vida”? Hay compañeros de piso que tienen disputas jevis por este tema. Unos porque odian encontrarse la tapa arriba cuando van al baño y otros porque parece ser que les cuesta un esfuerzo gigante alzarla ellos. Seas de la opción que seas, lo que os recomendamos es que establezcáis un consenso en vuestro piso compartido con este tema. Y todos contentos.

 

2. Lavajillas lleno de platos sucios y…

Y una vez cerrado, por despiste, no se activa. Poco después el encargado de activarlo, abre el lavaplatos y empieza a quejarse de lo mal que huele… ¡NORMAL! ¿Cómo quieres que huela bien si te has olvidado de enchufarlo? Esto suele ocurrir mucho en aquellos pisos compartidos cuyas cocinas cuentan con ese magnñifico cacharro que te ahorra fregar platos hasta que se te quedan las yemas de los dedos arrugados como uvas pasas. Solución: podéis dejar un cartel en el lavaplato recordando que, cuando esté lleno, se debe activar. Porque por arte de magia y por muy magnífico que sea ese cacharro no se va a activar solo… O bien podéis usar Clintu, una plataforma con la que podéis reservar limpieza y plancha a domicilio por horas. Además, si usáis el código CLINTUBADI podréis disfrutar de un 20% de descuento… pero shhh… no se lo digáis a nadie.

 

3. Lavabo/ducha con pelos

Ya sean de barba o cabeza. Lo cierto es que esta estampa es una de las que más grima y asco (hablando en plata) dan. No cuesta nada lavarse el pelo o acicalarse la barba y recoger lo que por gravedad (o tijeras) se cae y se queda en el sumidero. Que además, con este pequeño gesto, os podéis curar en salud y atascos innecesarios que traen malos olores, llamadas al propietario del piso y compras de productos para desatascar que, pa remate del tomate, hacen mucho daño al medio ambiente.

 

4. El mismísimo Océano Atlántico en el baño

Seamos sinceros. A todos nos gusta regodearnos en la ducha. Bien cantando o bien quedándote en modo zombie nation mientras el agua calentita te torra la piel. Y, ¿qué ocurre?
1. Gastamos más agua de la necesaria y eso está ¡MAL!
2. El agua caliente produce vapor, el vapor se pega en las paredes del baño y muta en gotitas de agua que caen al suelo formando charcos (lo estudiamos en primaria y hasta en la E.S.O). Lo que viene a ser el ciclo natural del agua que acaba empapando el baño y haciendo que el siguiente en entrar se moje los pies, se resbale, se… un drama ¡UN DRAMA! Solución: la fregona de toda la vida. ¿Que empapas el suelo del baño después de ducharte? Pues fregona y a secarlo. Que son 2 minutos.

5. Tu cepillo es TÚ cepillo (y el mío, EL MÍO)

Vale, podemos ser torpes, dejaos o muy muy despistados. Pero hay cosas que son intocables. El cepillo de dientes una de esas cosas. ¿Por qué? ¿En serio tenemos que explicarlo? Si te quedas sin cepillo de dientes porque el tuyo caducó hace 5 meses, usas el dedo para lavarte los dientes y bajas al súper a comprarte uno nuevo. Pero bajo ningún concepto uses el de tu otro compañero de piso. Que puede dar pie a una gresca épica. Consejo: en el hipotético caso de que todos tengáis el mismo cepillo (nos referimos a la misma marca/color) podéis poner una etiqueta con el nombre del dueño de cada cepillo.

 

6. Fregaderos que mutan

Domingo… acabáis de cenar y os decís “¡bah! ya lo haremos mañana, que empieza la peli ya y no hay ganas”. Hasta aquí todo bien. Puede pasar, ha pasado y siempre pasará. Llega el lunes y os levantais tan con la hora pegada que, como mucho, os da tiempo a tomaros un café rápido por desayuno y salir pitando para el curro o la uni. Y boom! Para la pica que van esas tazas, junto a los restos de la cena del día anterior. Ese día, por casualidades del destino, llegáis tarde a casa, directos a la cama. A la mañana siguiente, se repite el proceso. Y te encuentras a golpe de martes por la noche con una pica de platos tan grande y torcida como la torre de Pisa y con unas simpáticas moscas adorándola a su alrededor. Por no mencionar ese edor tan fresco que rezuma de la cocina… Solución: puede pasaros un día, dos o tres. Pero no lo toméis por costumbre o Míster Diógenes vendrá a visitaros un día. Aunque dé pereza, intentad establecer turno para fregar los platos.

 

7. Alimentos fuera de la nevera

Is this real life? Con lo rico que está tomarse un yogur cuando está fresquito en la nevera y lo malo que sabe 4 días después cuando los 4 los ha pasado fuera de la nevera. Otro tema son las despensas. En esas zonas habitan seres tan maléficos como los mosquitos de las patatas que crían y crían y crían… Y bueno, el fin de la historia ya te lo sabes. Consejo: cada 3-4 meses, haced una limpieza de estos estantes para aseguraros que no haya ninguna sorpresa putrefacta.

8. Basura, ese bonito concepto

Vivas donde vivas, seguro que tienes relativamente cerca uno o varios contenedores de basura. Y con un 100% de seguridad nos atreveremos a decir que pondrás un pie en la calle prácticamente todos los días. Bien, pues en bajar la basura, abrir el contenedor de tu barrio y tirar ahí los restos de vuestro piso compartido se tarda exactamente 5 minutos de reloj. Que lo hemos cronometrado. Consejo: por el bien del planeta y de las generaciones venideras, reciclad. Y sí, nos ponemos serios y finos porque este tema lo merece. Y por el bien de vuestras pituitarias, bajad la basura si no queréis que vuestro piso huela como la cama de una leona.

 

9. El tendedero y el armario no sirven para lo mismo

En el tendedero se cuelga la ropa mojada y limpia una vez la sacas de la lavadora. En el armario guardas doblada (o como te dé la gana) esa ropa limpia una vez se ha secado. Entonces, ¿por qué usar el tendedero como armario y tener el armario vacío a modo de adorno? Consejo: cuando esté seca la ropa, guardadla en el armario, que no queda ni fino ni elegante llegar a casa y encontrarte 3 tendederos en mitad del pasillo (uno por cada integrante del piso).

 

10. Esculturas de rollos de papel (de váter)

Aquí hacemos una pausa porque hay auténticas obras de arte entorno a este tema. Si en vuestro piso os divierte este tema, genial. ¡A por ello! Quizás la próxima obra que triunfe en ARCO no sea un vaso de agua sino vuestra escultura con los rollitos del papel del váter. Pero si no os mola, tirad los rollitos a la basura. A la de cartón. O usadlos para hacer cosas tan útiles como lámparas, libretas, muñequitos para vuestros primos/sobrinos. Se pueden hacer auténticas virguerías con estos trozos de cartón que a priori no sirven para nada. Y si no, mirad este tablero que hemos compartido en Pinterest.

Y eso es todo. Recuerda que, si estableciendo algunas reglas en casa, los dramas son diarios, continuos e insorportables, siempre puedes alquilar la habitación del culpable de los dramas y buscar a otro compañero de piso que sea más afín a ti y al resto de compañeros. Que para eso estamos nosotros. Clicando aquí podrás unirte a Badi y descargarte nuestra app para iOS y Android o bien usar nuestra recién estrenada web.