Albert Bosch, un aventurero como ningún otro

Hoy hemos tenido la suerte de entrevistar al gran aventurero y emprendedor Albert Bosch. Para los que no lo conozcáis, Albert es catalán y tiene un largo historial de aventuras deportivas. Entre ellas, la travesía integral de la Antártida desde la costa hasta el Polo Sur sin recibir ningún suministro exterior en las condiciones más extremas que se pueden vivir. Por la expedición “POLO SUR“ Albert Bosch recibió el premio de la Sociedad Geográfica Española al Viaje del Año 2012. Ha participado en varios rallyes Dakar, en numerosas ultramaratones y en el proyecto “7Summits” subió a la montaña más alta de cada continente con el Everest como punto final.

De todas las aventuras mágicas que has vivido, ¿Cúal es tu mejor recuerdo?

Es muy difícil escoger un recuerdo concreto entre tantos momentos mágicos que he tenido la suerte de vivir en esta vida aventurera. Pero si hay que escoger, me decanto ya no tanto por un recuerdo especialmente feliz, sino por un momento que realmente me aportase la conciencia de que estaba siendo impactado por un cambio importante en mi vida. Luego me quedaría con tres: Cuando tuve la fortuna de compartir 20 días con la tribu de los Moni en la selva de Papúa, siendo consciente de que estaba viviendo algo muy auténtico en nuestro planeta, conociendo una tribu ancestral que vive en real comunión con la naturaleza. Cuando bajé del Everest y me comprometí radicalmente con mi amor a la naturaleza y, con ello, a no perjudicarla y luchar por su protección. Cuando me quedé solo en la Antártida y tuve la oportunidad de sentirme conectado a mí mismo, en plena comunión y con toda la humildad posible con la naturaleza más pura y extrema del planeta.

En el último evento de 5 talks al que asistimos, nos contaste que durante tu expedición POLO SUR la única manera que tenías de comunicarte era por Satélite. ¿Qué dificultades encontraste? Si tuvieras la posibilidad de irte de nuevo, ¿qué cambiarías en tu forma de comunicar?

Las dificultades de estar absolutamente aislado en la Antártida son muchísimas y realmente muy extremas. Cuando uno está allí con un equipo, tiene muchas más oportunidades para avanzar y evitar cualquier problema que pueda ser grave. Yo sólo me podía comunicar con un teléfono satélite, y tenía un protocolo para conectar cada día a las 20h con la base antártica que me daba cobertura; entendiendo que si durante dos días no llamaba, es que había pasado algo grave y se activaría un rescate. Luego podía hablar cada día con mi mujer, que me hacía de enlace con los medios de comunicación y otros temas a tener en cuenta durante la expedición. Pero en caso de algún problema o accidente grave, al estar solo, igual no podría comunicarme nunca ni con mi casa ni con la base, y luego, por mucho que se activase un rescate, seguramente ya sería tarde para evitar el peor desenlace posible. Allí uno se da cuenta de que vive permanentemente en el filo del límite más extremo, y que hay que gestionar con eficiencia cada detalle si quieres sobrevivir y avanzar hacia tu objetivo.

A nivel de comunicación lo único que cambiaría es la manera de difundir el proyecto. En ese momento yo no di demasiada importancia a las redes sociales, y me equivoqué. Si lo volviese a hacer, movería la comunicación de forma potente a través de las redes sociales, pues hacer visible una aventura tan épica y lejana también es importante para los patrocinadores y para mi propio Márketing de cara a poder hacer más proyectos en el futuro.

No todo el mundo se atreve con la montaña más alta del mundo como es el Everest. Tú, como aventurero y valiente, lo alcanzaste en 2010. Desde tu punto de vista actual, ¿Cómo ves el Everest y qué tipo de vínculos creaste con tus compañeros al llegar arriba del todo?

El Everest lo veo… ¡Muy Alto! jajaja… dicen que es un ocho mil, pero si vamos por aproximación, es un nueve mil, pues con sus 8.850 metros, está más cerca de nueve mil que de los ocho mil metros. Es una montaña magnífica. Ni tan imposible como parecían pintárnosla, ni tan fácil como algunos ahora piensan. Yo subí por el lado Sur, a través de Nepal, porque esto me permitía hacer el trekking de aproximación por uno de los entornos más bonitos del planeta, rodeado de las montañas más altas del mundo.

Un mes y medio de expedición dan para mucho a nivel de relaciones con tu grupo de expedición. En este caso con algunos de mis compañeros creamos un vínculo muy especial. Recuerdo que el objetivo principal de nuestra escalada al Everest era conseguir la cumbre con Nelson Cardona, amputado de una pierna, que sería (y fue) el primer latinoamericano con una amputación severa en subir a lo más alto de la tierra. Con él nos abrazamos en la cumbre, y ya nos unimos para siempre. Pues alcanzar retos extremos y realizar tus sueños en la vida tiene mérito y está muy bien, pero cuando tienes que luchar contra unas malas cartas que te han sido repartidas, como en el caso de Nelson, luego sí que tiene un valor especial. El Everest fue para mí un gran objetivo, que estaba conectado con un propósito superior y me aportó mucha felicidad, amistad y amor con mis compañeros y la oportunidad de ser mejor en mi propia vida.

Podemos ver que eres muy activo en las redes sociales.  ¿Qué tipo de relación tienes con tus seguidores?

En las redes sociales tengo toda la relación posible con mis seguidores. Soy consciente de que tanto los conceptos que trabajo, como que las reflexiones que difundo, como las imágenes y momentos que comparto, pueden inspirar o influenciar a algunos de mis seguidores. Eso lo vivo como una gran responsabilidad, porque es una manera de contribuir a que las personas tengan una actitud más positiva y responsable ante la vida, y esto me hace feliz. Y esta comunicación y relación intento mantenerla siempre desde la más sincera humildad posible. Los que hacemos cosas especiales a veces tenemos un Ego disparado, o nos creemos especiales; y eso no debe ser así. Simplemente somos personas normales que hemos tenido la suerte de que hemos intentado seguir un camino conectado con nuestras pasiones, y entre los innumerables errores cometidos, hemos obtenido algunos buenos resultados, que nos han permitido ir viviendo en esa línea. Yo siempre pienso en mis lectores/seguidores cuando hago cualquier comunicado, e intento responder y mantenerme muy en contacto en todo momento; y si en alguna ocasión hay comentarios con los que no pueda estar de acuerdo (que por suerte me pasa en muy pocas ocasiones), me esfuerzo en responder de manera amable y respetuosa. Veo las redes sociales como si fuese una comunidad de vecinos con la que convivo, pero ampliada de forma exponencial… pero el trato y la relación debería ser muy similar.

Como sabes, Badi es una plataforma para ayudarte a encontrar un compañero de piso. Tú, más que un piso, has compartido expediciones donde vivías tu día a día con aventureros como tú. ¿Qué recuerdos tienes de estos momentos de “compartir”?

Tengo recuerdos de todo tipo. Algunos muy positivos y otros muy negativos. Los humanos somos muy fáciles para poder convivir entre nosotros en momentos muy positivos o placenteros; pero cuando las situaciones son complejas, sacamos lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Por ello compartir piso o compartir tienda, hará aflorar tensiones o amor especialmente cuando haya algún momento complicado. Por ello deberíamos escoger muy bien a nuestros compañeros de piso, y a la vez trabajar muy bien nuestra actitud ante esa convivencia con estos compañeros; pues ésta es la que determinará al final nuestra relación con ellos y nuestra felicidad al vivir en ese espacio. Si pretendemos compartir piso o tienda en la vida diaria o en una aventura extrema, tendremos que ser generosos, empáticos, flexibles y respetuosos; pero también tenemos que ser sinceros y saber apartarnos rápido de los compañeros o compañeras que no nos encajen o que puedan ser tóxicos para nosotros. Pero en la vida en la sociedad, igual que en la vida en lugares remotos o extremos del planeta, para mi hay una regla de oro que deberíamos tener siempre en cuenta: para podernos relacionar bien con los demás, primero debemos saber relacionarnos bien con nosotros mismos.

¿Irse de aventura con los compañeros de piso puede reforzar los vínculos?

Sin duda alguna, vivir experiencias junto a nuestros compañeros de piso ayudará a conocernos mejor y a estar más vinculados. Por ello es importante no sólo salir juntos en actos sociales o de diversión (que son momentos siempre en positivo), sino también compartir alguna aventura o proyecto que suponga pasar por momentos duros, incómodos o complicados; pues estos son los que nos crearán verdaderos vínculos, o al contrario, nos separarán para siempre. Y ambas cosas son buenas de descubrir: saber con quién puedes compartir piso, es saber también con quien puedes compartir todo tipo de momentos, no sólo los más fáciles y positivos.

En nuestro blog, nos gusta sugerir actividades y lugares a descubrir a nuestros usuarios. ¿Qué expedición nos aconsejarías para ir con los compañeros de piso? Una fácil por supuesto 🙂

Cualquier experiencia un poco estimulante que nos conecte con la naturaleza y nos permita fluir con nosotros mismos y con nuestros compañeros de piso, es perfecta para fomentar las relaciones entre compañeros de piso. No hace falta hacer una gran expedición, sino más bien algo cercano, factible y que requiera capacidades al alcance de todos… De allí ya saldrán otros proyectos si ese grupo quiere profundizar más. Lo ideal es hacer un Trekking no muy largo, pero a un sitio especial cerca de la zona donde estén, y pasando una noche en medio. Una excursión con un objetivo (travesía concreta, cumbre, o algo que sea claro), y haciendo una pequeña parte el día 1, y otra el día 2. Durmiendo en un refugio en medio, y terminando con una buena comida el día 2. Será una inspiración, una gran sesión de conocimiento entre todos, una buena diversión, y por todo, un gran paso en la relación de los amigos de piso.

Nos podrías contar una anécdota de cuando compartías piso

Sí, compartí piso en mi primera época en Barcelona como estudiante universitario. Fue una gran experiencia, pero pronto mis padres se instalaron en la ciudad y ya nos concentramos todos allí de nuevo. Lo peor de compartir piso era el uso del WC y la logística de la comida. Lo mejor, las conversaciones después de cenar, las cenitas que montábamos para invitar amigas que nos queríamos ligar (casi siempre fracasando, pero era una emoción constante), y aprender a que nuestras manías personales no marcasen la relación.

¿Qué reto te vas a proponer para 2018?

Hay que ponerse algún reto cada año. No tiene que ser nada físico o super extraordinario, pero sí estimulante y que nos active con la energía a tope. No tiene sentido ir viviendo cada año sólo porque “toca”, haciendo las mismas rutinas de siempre e ir dejando pasando el tiempo. La vida hay que exprimirla, viviéndola intensamente, y ponerse un reto es una manera perfecta de sentirse conectado con uno mismo y con sus propósitos. ¿Cuál es el tuyo para 2018?